
El tiempo visto como factor que altera la conciencia atormenta la existencia cuando ésta trata de escapar, de escurrirse en un momento que nunca sucede porque sucede cuando está ocurriendo y al decir presente el pasado ha tomado su lugar. Es una lucha constante contra el tiempo que va matando la existencia del ser. De ese pasado que aniquila y de ese futuro que es incierto y al mismo tiempo es exasperante. No hay forma de congelar el instante, de capturar el momento como la cámara fotográfica al abrir el obturador y fijar una imagen en un trozo de tiempo, en un solo pedazo de papel.
Como bien dijo Clarice Lispector en su libro Agua Viva, “El presente es el instante en que la rueda del automóvil en alta velocidad toca apenas el suelo. Y la parte de la rueda que todavía no tocó, ya tocará el suelo en un inmediato que absorbe al instante presente y lo torna pasado”.
La conciencia es la llave que nos introduce a un plano lleno de imágenes que surgen al evocar palabras. Através de las cuales se van formando ideas y a través de estas imágenes que evocan una nueva realidad.
El instante es escribir, dejar que tu mano traduzca las ideas de tu mente. Es el acto de dar vida y quitarla al dejar de escribir.
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