Ay lo que los hombres realmente desean. Esa lucha entre lo que dicen desear y lo que realmente quieren.
Los tiempos han cambiado pero la naturaleza no. Muy dentro de nuestro ser mujer existe un deseo inherente de protección. Queremos amar a nuestros hombres, consentirlos, abrazarlos y procurarles todo el amor y ternura que por esencia portamos, pero nos gusta también que nos cuiden, que nos protejan, que nos atiendan. En fin, lo mismo de siempre, sólo que ahora disfrazado. Las mujeres ahora trabajamos, nos cansamos y lo que menos se nos antoja es fungir como las protectoras del hogar y las chefs de nuestras cocinas, misión que siempre se nos ha encomendado.
Se supone que los hombres entienden y asimilan ese nuevo rol de la mujer profesionista pero no es del todo cierto. Muy abajo de ese nuevo hombre evolucionado existe un verdadero machista que no sólo quiere lo que eramos si no que le agreguemos las nuevas funciones al papel anterior. Quieren una teibolera disfrazada de mucama. Una mujer increíblemente sexy, con tetas perfectas, que les planche, les lave, les cocine, cuide a sus hijos, que nunca se canse, que siempre tenga una sonrisa plantada en el rostro, pero también que trabaje y aporte al hogar sin descuidar las piernas para que no se nos llenen de celulitis, ¿por qué no?, a fin de cuentas somos como mujeres supermaravilla que todo lo podemos. Y el nuevo rol nos exige ser madres, amigas, table dancers, psicólogas, adivinas y hasta videntes. Ufff no quiero sonar a libro de autoayuda o de superación pero soy una mujer que vive en una época bastante dificil. Decidir entre casarse o no casarse, entre tener hijos o no, entre lavar un traste o echarse una chela. Me toco a mí y a todas las mujeres de mi generación. Yo recuerdo que mi santa madre todavía pertenecía a la generación de mujeres de la escuela anterior como que queriendo destaparse, pero es hasta esta generación donde se nos puso todo en frente. La época de las decisiones difíciles. Estamos en el umbral de querer ser princesas y vivir el cuento que todas las noches nos leían o bien, ser las primeras en saltar del barco y decir noooooooooo. ¿qué hacer? qué dilema este... Irnos por el santo camino derechito de la abnegación; ser profesionistas y demandar que también se nos atienda cuando llegamos cansadas con una rica cena, una buena copita de vino y un masajito; o mezclar la primera con la segunda. Al parecer tenemos varias opciones pero lo cierto es que ninguna nos queda o más bien ninguna complace a nuestros hombres porque a su vez ellos luchan entre querer a la mujer madre que conocen y la mujer que tienen plantada en su casa y que ellos ven como el monstruo que se les quiere subir a las barbas. Hasta cierto punto es comprensible esta postura porque como muejeres que trabajamos a la par o en algunas ocasiones hasta más, no nos sometemos, no nos callamos y exigimos también. Nadie ya nos mantiene, entonces, ¿por qué callar? ¿por qué someternos? pero tampoco podemos presentarnos tan dominantes y agresivas, si no entender que ambos pasamos por un proceso evolutivo difícil en donde la mejor opción es ser honestos e identificar el terreno que estamos pisando. Ni somos las mujeres sumisas y recatadas, ni tampoco queremos perder la protección de nuestros machos por ser liberales y trabajadoras. Y ellos ya no son los únicos proveedores que antes eran, pero tampoco queremos que nos dejen de cuidar las espaldas. Así que más vale que ambos generos cooperemos sobre todo definiendo los nuevos roles que mostraremos a nuestros sucesores.
NFL Free Agent Grades: Walter Football
Hace 5 años.



