
Han pasado ya dos meses. Hoy otra vez el 23 choca contra mi frente y me hace pensar que ya pasaron 60 días y poco a poco se va liberando el dolor. Pareciera que en algún momento tanto dolor se encapsuló porque de otro modo nos hubiera provocado un daño letal, pero ahora, poco a poco se le ha ido cayendo el excipiente cbp y las pequeñas particulas de dolor se han ido liberando tocando las paredes de mi piel. Llega la náusea sartreana, llega el abismo, llega la realidad. Ya no estás, pero existes. 23, qué día. Poco a poco comienzo a darme cuenta que te perdí, que ya no podré verte, que no me di cuenta que llegaría este día y que no sabría qué hacer y cómo hacer para que no duela. Seguramente existe por ahí algún paracetamol que cure también este dolor pero por lo pronto estoy en un shock que poco a poco deja de ser shock para convertirse en los resagos que se guardan bajo el mecanismo de defensa. Pasan los días y lejos de doler menos, cada día duele más, cada día es más pesado, cada día es un día más de tan dura realidad. Hoy no quiero 23, hoy quisiera que al 22 le siguiera el 24, quisiera arrancar de mis calendarios el 23, sólo dejaría mi año 23, año en que sí te tuve. Ciao belleza.
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