18.3.10

Y llegó el 23 de enero...

Una fecha que nunca podré olvidar. Una fecha que llevaré tatuada en el alma, sin embargo, aprendí a manejar el dolor y creo que es porque siempre he pensado que existe algo más.
Llegué a este mundo un 27 de junio gracias a ella pero ya nos conocíamos de antes. Fuimos dos almas que se volvieron a encontrar y que se buscarán hasta la eternidad.
El 23 de enero de este año perdí a mi mamá. Fue víctima del cáncer y no pudimos luchar más. Se fue y dejo un gran hueco en mi vida y en mi corazón, pero a la vez dejo una luz en mi camino, un conocimiento que nada ni nadie más me podía dar.

1 comentario:

Unknown dijo...

Dice ARS que existe una huella de abandono que determina nuestro nivel de apego a otras personas, generando estructuras de dependencia emocional que pueden llegar, en casos extremos, a la fracturación severa de la personalidad. Relaciones afectivas patológicas que actúan en forma insidiosa, generando procesos autodestructivos que pueden prolongarse de una manera indeterminada. Mientras no resolvamos nuestra Huella de Abandono, jamás podremos reconciliarnos con nosotros mismos, ni estructurar un proyecto de vida en consecuencia con relaciones afectivas sanas y equilibradas. Experimentaremos, una y otra vez, ese vacío que nos aísla y deprime, propiciando una creciente pérdida de autoestima, estados de angustia y confusión interio
Blanche, al leer tu comentario me doy cuenta que no hay mejor descripción para entender lo que pasa en tu interior. Cuentas con un amigo hoy y siempre. Un beso