15.4.10

La última tentación

Me tomó algunos días poder volver a escribir y es que entre el trabajo, las clases y la vida en pareja, a veces resulta difícil encontrar un momento para pensar y traducir los pensamientos en palabras que resulten comprensibles para los demás y que signifiquen algo.
Por fin hoy tuve las ganas más que el tiempo de sacar de mi cabeza tanta información que he venido guardando. Mi lindo hermano me comenta que por qué voy a escribir un suceso ocurrido en semana santa en estas fechas, pero esa fue la razón. Al menos no lo estoy haciendo en Navidad. Pero bueno, sin más preámbulos, esta es la historia.

Fui invitada a pasar el jueves y viernes santo a Chilapa Guerrero. Mi idea era descansar unos días y nunca pensé encontrarme con lo que viviría ese fin de semana. Puedo expresar que fue un reencuentro con mis creencias y tradiciones y sin duda una vuelta al pasado. Resulta que en este lugar las tradiciones se viven y se actúan a flor de piel. El jueves santo me tocó presenciar una representación de la última cena en la plaza central. Ahí estaba Jesús con María Magdalena y sus 12 discípulos. Los actores siguieron al pie de la letra las santas escrituras y debo confesar que aunque no soy la más mocha hay una fascinación de mi parte hacia esta historia que toca puntos sensibles de mi ser. Dentro del transcurrir de dichas escenas, que todos conocemos, hubo una en especial que tocó las fibras más vulnerables en este momento de mi vida. Como muchos de ustedes saben, hace poco perdí a mi madre y sin afán de clavarme en el dolor que aún no se enfrentar, recuerdo un día de mucho dolor en donde, mi madre, creyente y mocha de corazón, me miró fijamente y me dijo "Hija yo no entiendo por qué estoy aquí, siempre he sido buena y he creído en Dios, y sin embargo aquí estoy, sin poderme ir, ya no sé en qué creer o qué hice mal"...........triste, pero así fue. Y me dije a mí misma, cómo es posible que una mujer tan llena de fe, se pregunte estas cosas, a lo que sólo pude contestarle "ma, hay cosas que no nos vamos a poder explicar hasta que pase el tiempo y aún así no creo que sean comprensibles para nosotros. No sé lo que sientas ni estoy en tu lugar, pero ya estás muy cerca del final, no te caigas antes de cruzar la meta" Eso fue lo único que se me vino a la mente, pero la realidad es que tuvo un momento de duda dentro de su fe debido al dolor que experimentaba. Horas y días después siguió apretando en su mano aquel rosario que Chema le había traído del Vaticano. Nunca dejó de rezar y hasta el último momento todos, incluyendola le pedimos a Dios. Pero ahora que estaba en Chilapa viendo a Jesús en el monte de los olivos, antes de su aprehensión, hice clic con mi propia historia. No recuerdo las palabras textuales pero el contexto sí. Jesús como hombre, cercano a su muerte le preguntaba a Dios por qué le había tocado ese camino tan difícil. No sabía si seguía escuchando a Dios, tenía miedo. Al otro día, en  la cruz, Cristo expresaba "Padre mío, ¿por qué me has abandonado?". He aquí la tentación de un hombre de fe. El hombre más cercano a Dios, sintiendo su muerte lanzó esta pregunta que mostraba su humanidad y después, justo en el momento de su muerte expresa "en tus manos encomiendo mi espiritú".... Yo, estaba en el monte de los olivos presenciando la muerte de Jesús, yo estaba recordando a mi madre, mi piel estaba completamente erizada y solo momentos después pude recordar que estaba en medio de una plaza pública en un pueblo guerrerense. Ya tenía un tema para mi blog, no sé si logré expresar en estas líneas la emoción que viví pero es algo que no quería dejar pasar. Viví un momento de esos que tocan el alma y pasan en cuestión de segundos pero sabes que han dejado una marca en lo más profundo de tu creer y tu sentir.
Ese fin de semana estuvo lleno de tradición, el olor a incienso y a vela todo el tiempo, las mujeres caminando con rebozos negros que cubrían sus cabezas mientras sostenían una vela y caminaban horas en procesión acompañando a la virgen en su dolor. Era difícil para un ser tan fantasioso como yo no imaginar que caminaba por las calles de Jerusalén. Decidí vivir la tradición y hubo momentos que sentí en verdad que estaba sufriendo la muerte de Cristo, pero también pensé mucho que quería vivir un duelo, que quería que mis lágrimas por la emoción del momento se confundieran con las lágrimas por la muerte de mi madre. Yo no sabía por qué me emocionaba ni por qué lloraba pero comprendí que tuve que ir a Chilapa a entender más sobre la muerte, más sobre mí y a comprender cada vez menos "las trampas de la fe".

No hay comentarios.: